Senna, Xavi, Cesc e Iniesta

junio 27, 2008

Ilustración de Senna, Xavi, Cesc e Iniesta by Rivaherrera

Ilustración de Senna, Xavi, Cesc e Iniesta by Rivaherrera

Hubo un tiempo en el que se dijo y se escribió que Iniesta y Xavi eran incompatibles, que no podían jugar juntos. Ayer, en el estadio Ernst Happel, de Viena, Iniesta y Xavi, dos amigos residentes en el Camp Nou, protagonizaron la jugada que abrió el pase de la selección española a la final de la Eurocopa, el domingo, contra Alemania. Puede que desde el pico del área Iniesta buscara un chut, pero le salió un pase perfecto. A la carrera llegó Xavi, hasta la frontal del área pequeña, y la clavó. Xavi metió un gol, tocó, mandó, templó, robó y, otra vez, corrió más que nadie: cuando le sustituyó Xabi Alonso había recorrido nueve kilómetros. Más que ningún otro.

Xavi demostró lo que Luis sabe desde hace mucho tiempo: puede jugar con Iniesta, con Cesc, con Senna y con quien le ponga al lado, pero España difícilmente sabría jugar sin Xavi. En torno a su inmenso talento para la combinación ha construido Luis este equipo, que, 24 años después, llega a una final europea. De justicia se antoja, pues, que el menudo futbolista de Terrassa marcara un gol, suerte que siempre le ha sido esquiva. Xavi forma parte, con Casillas, Puyol y Torres, de lo que el seleccionador llama “pasillo de seguridad del equipo”, eso que siempre se conoció como la columna vertebral. “En este equipo manda Xavi”, dijo un día Luis. Y el equipo, obediente, se fue tras él, tras su gusto por el toque, su visión del juego, su capacidad para convertir en mejores todos los balones que toca.

Xavi es hijo de un futbolista almeriense que se casó en Terrassa. En su casa, su madre guarda aún alguna de las libretas en las que su hijo apuntaba las alineaciones de los partidos que veía, dibujaba las camisetas y redactaba con letra infantil cómo habían sido los goles. Su padre suele explicar que desde niño le impresionó la capacidad de Xavi para asumir los conceptos del juego y, medio en broma, suele decir que el niño le nació futbolista. Muchas veces, viéndole jugar, lo parece.

Xavi debutó en el Barça de la mano de Van Gaal hace casi diez años y desde los 17 es un fijo en la selección. Le gusta tanto el fútbol que suele ver tres o cuatro partidos cada semana y tuvo un perro que se llamaba Gol. Nunca acostumbró a meter muchos, pero alguno resulta inolvidable: el que le salvó la cabeza a Van Gaal en un partido del Barça contra el Valladolid en la temporada 1999-2000 o el que le marcó a Casillas en el Bernabéu hace cinco años.

Tipo tranquilo y divertido, de Xavi explica Casillas que “las mata callando” porque le recuerda anécdotas inexplicables de los tiempos en los que crecieron juntos en la selección. Desde ayer, a Xavi se le recordará para siempre por ese gol que sacó billete para la final. Tocó, pasó, robó, corrió y marcó. A fin de cuentas, lo más importante para un futbolista. Y Xavi lo es de la cabeza a los pies, dentro y fuera del campo. Por eso puede jugar con Iniesta. Incluso debe. A fin de cuentas, Xavi nació futbolista.

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